Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: La cultura cabeza abajo

Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: La cultura cabeza abajo





Nota en La Universal Radio


Feria Internacional del Libro de Buenos Aires: La cultura cabeza abajo

Publicado el mayo 10, 2016 en Cultura.

Como cada año, se celebra en Buenos Aires la Feria del libro, el evento internacional más esperado por los aficionados a la lectura y cultura en general. En esta edición compartimos algunas impresiones que obtuvo nuestra corresponsal y escritora Andrea V. Luna.
Todavía me acuerdo de mi primera experiencia como lectora en la FILBA, allá por los últimos años de la década del ’90. Recuerdo haber regresado a casa con una muy importante pila de libros que olían a nuevo y la emoción de que uno de ellos estuviera dedicado por el inigualable Quino, nada más y nada menos que el papá de Mafalda. La premisa era indiscutida: “Del autor al lector” e indicaba muchas cosas, entre ellas el contacto mágico con los escritores y su público, junto con la idea de “en la Feria cuesta menos” indicando que era ese el mejor lugar del país para comprar libros evitando la cadena de intermediarios que encarecen los costos; también era el espacio para encontrar todo aquello que merece la calificación de “exclusivo”, lo que no se podía encontrar en las librerías barriales.
Los lectores interactuando con sus escritores favoritos.
Debo admitir que no he ido todos los años: de hecho, el año pasado me negué a ir. El anterior, me encontré con algunos ilustres a sala vacía. Este 2016 fui con mucha ilusión: por primera vez, yo estaría del otro lado y estaba dispuesta a disfrutar el día. Sin embargo, una serie de claroscuros se fueron presentando de a uno, como en un desfile carnavalesco en el que el mundo se ha vuelto al revés, como el sobrecargado tópico barroco. Recordé, por un momento, a Joan Manuel Serrat cantando “Fiesta”, en especial cuando los oscuros comenzaron a ser más evidentes.
Compartiendo un grato momento con Canela, periodista y escritora
Desde hacía unos días atrás venía observando un extraño fenómeno (resulta ser que no es tan raro, en verdad, pero para mí era totalmente nuevo) íntimamente relacionado a lo que se suponía era un mundo paralelo a las Ferias de Libros: los youtubers “invadiendo” los medios. Claro que de allí al libro, parece que fue un paso evidente en el universo antropófago de las multinacionales, esas que publican a los grandes escritores y a aquellos cuyo nivel de ventas será épico, aunque… en fin. Vi la promoción de uno de ellos y las condiciones para que sus seguidores se acercaran a él para obtener su firma. Creo que es una calamidad: no acercarse, no abrazarlo, no besarlo, no sacarse fotos, solo se puede acceder con una entrada paralela (sin la entrada no… ¿Y los chicos que deben estar solos por horas?)… ¡Epa! Ni los Rolling Stones… Que esta es una Feria del Libro no una convención de youtubers…  No entiendan mal: no es contra ellos, pero hay lugares y lugares. ¿O no es más importante la presencia de un señor escritor como Vargas Llosa? Entrar en la Feria y ver a la múltiple galardonada Canela (GigliolaZecchin), escritora y periodista de prosa, voz e ideas exquisitas, firmando libros prácticamente sola fue un impacto terrible. En una breve charla con ella, no pudimos evitar hablar del fenómeno de la literatura pasatista como un factor preponderante de la cultura de nuestros días que invade nuestra cotidianeidad, desde nuestros hogares hasta las escuelas de nuestros hijos y la lucha persistente que implica la educación en valores. De inmediato pensé en lo obvio: ¿calidad o cantidad de ventas?
La Feria del Libro, un sitio para deleitarse con la literatura del mundo.
Intentando despegarme de mi propia experiencia observo un fenómeno extraño: en Argentina comienza una movida de lectores que buscan algo diferente, algo que no está dentro de los parámetros o del molde preestablecido y pululan acá y allá intentando dar con esa diferencia. Las Ferias regionales, de Libros, de Fantástico o Medievales van surgiendo a pasos agigantados… también el pabellón azul de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el destinado a las pequeñas editoriales y a los escritores independientes. “¡Genial!” me digo, y pongo rumbo hacia allí entre marañas de público perdido entre los recovecos de stands que ya no ofrecen ofertas salvo en los últimos días antes del cierre… y, de a poco, también ellos rumbean hacia lo nuevo. “Tal vez no todo esté perdido”, pienso, mientras me acomodo junto con mis libros detrás del escritorio donde tendré mi gran encuentro con mis lectores. Seguramente no, no todo está perdido.

*Por: Andrea V. Luna, corresponsal en Buenos Aires.

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