viernes, 30 de noviembre de 2018

Descargo


Mi nombre es Andrea V. Luna y soy Profesora en Letras recibida en la Universidad Nacional de La Plata. Estudié en los ’90. Cuando comencé la carrera teníamos que pagar incluso los certificados de alumnos regular, la libreta y cada papel que íbamos necesitando. Con los años, se consiguió que fueran gratis. Pagaba el boleto completo desde Varela hasta la capital provincial. Hoy los estudiantes, salvo alguna que otra excepción, no pagan. Como también ocurre ahora, viajaba hora y media para llegar a cursar y otro tanto para volver… de mañana, de tarde, de noche, con calor, con frío, sin estufas ni aires acondicionados… y no importaba, porque el objetivo estaba más que claro: recibirme de la mejor manera posible. Tuve profesores de excelencia en el 85% de la carrera y excelentes personas en su gran mayoría… salvo excepciones que no vienen al caso.
Hace 26 años que soy docente de escuelas secundarias, públicas casi siempre. Conozco muy bien en qué estado están sus edificios: no necesito que nadie me lo cuente. También sé de la desidia de muchos colegas, de muchos directivos y de los padres… tampoco necesito que me lo cuenten. Viví en el aula emergencias médicas que los servicios de ambulancia no cubrieron, denuncias de intentos de violación, embarazos de adolescentes, maltratos… También vi llanto y desesperanza en mis alumnos. Nunca, pero nunca los dejé bajar los brazos. Y se repusieron en su mayoría, y la pelearon y la siguen peleando. Son hombres y mujeres de bien, capaces de ir por sus derechos sin avasallar ni insultar a nadie. Veo sus progresos en las redes y me enorgullezco de ellos, me emocionan, me dan fuerzas para seguir haciendo una y otra vez lo mismo: buscar un país mejor.
POR ESO ESCRIBO HOY… Cansada de gente que dice que este es un país de mierda, desde la comodidad de sus casas, de sus trabajos, de su fama prominente, de su éxito en ciernes, sin salir a hacer nada por el otro, el que está al lado, el que necesita una mano. No tenemos los gobernantes que nos merecemos, tenemos los que nos impusieron a fuerza de vender lo mejor que fuimos teniendo: la educación que nos hacía un país de élite. Tenemos los gobiernos que nos tocan, porque cuando durante décadas se han destruido el conocimiento, los modales, las buenas costumbres, la cultura del trabajo y del esfuerzo, los códigos morales, cualquier mentira con forma de lo que queremos oír repercute en el deseo de progreso sin esfuerzo, de gratuidad «per se», de «quiero lo tuyo, dámelo» (¡Ojo! Que afuera también hay de esto). Mi mejor alumno en todo este tiempo estudiaba en una escuela técnica; se acostaba todas las noches a la 1 a.m. y se levantaba a las 4 para acompañar a su papá hasta el Mercado Central, comprar mercadería, acomodarla en el negocio familiar, se duchaba e iba a cursar al taller y después al aula… Se dormía en clase, pero no se llevó la materia. Me molesta, me saca de mis casillas y me pone los cabellos de punta que digan que este es un país de mierda. No lo es. Es un país hermoso con gente que vale su peso en oro, solidaria, alegre y de empuje… es un país que por serlo lo desean los de afuera con tantas ganas, con tanta hijaputez que nos venden que somos un país de mierda y siempre hay alguno que compra semejante estupidez, y la disemina, y la contagia.
Cuando cambiemos las caras de culo, la comodidad de criticar sin hacer, tendremos de verdad los gobernantes que nos merecemos… que no son estos, ni los anteriores, ni los otros, ni los que vendrán en las próximas elecciones. 
Mientras tanto, prefiero seguir siendo utópica, positiva y tesonera para que otros se contagien de eso y no de la idea de mierda de que este es un país de mierda.
#AndreaVLuna

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