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Andrea V. Luna
18:41:00
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Alguien, alguna vez, me preguntó cómo se debían presentar los diálogos en un cuento: era un alumno que escribía muy bien y tenía ganas, justamente, de presentar un trabajo suyo en un certamen literario local. Recuerdo que en aquel momento le indiqué dos estilos, los dos tradicionales: directo e indirecto; pero la verdad es que hay por lo menos tres maneras más y cada una de ellas responde a necesidades expresivas y estilísticas bien diferenciadas.
En primer lugar, podemos incluir el diálogo en el cuerpo del relato sin puntuación que lo diferencie de lo que no lo es. Este modo, a simple vista, no parece nada correcto y esto suele ser cierto, salvo que el efecto sea el de buscar la introspección en lo que se denomina monólogo interior (un estilo bastante complejo por su fraccionamiento, alteraciones de humor, disparidad de criterios, inclusiones de textos externos, desorganización y demás, que son propios del discurrir del razonamiento) acentuando la confusión de ideas del personaje, ya que lo que se busca es revelar sus pensamientos a un nivel pre-discursivo (esto es, antes de que sean verbalizados) de modo tal que no parezcan estar controlados por el autor y mostrando al lector su intimidad más cruda. Este estilo floreció en el resurgimiento de la novela del siglo XX y fue cultivado con maestría por Joyce en su Ulises.

