Andrea V. Luna
14:10:00
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¡Hola, gente!
Les comparto el book-trailer de mi nueva novela, editada por el Grupo Argentinidad.
¡Espero que lo disfruten!
Un experimentado periodista y una intrépida bloguera se unen para investigar una serie de crímenes tan ominosos como, en apariencia, inconexos a lo largo de todo el país. Una tarotista excéntrica, su sobrino y un comisario los acompañarán en la carrera por desentrañar el misterio y los arcanos que parecen ser la esencia de la matanza. Explora, investiga… aprende a creer y espera un desenlace que hará estremecer cada fibra de tu cuerpo.
PERLAS NEGRAS SOBRE MÁRMOL BLANCO
Una novela de Andrea V. Luna.
Editorial: Grupo Argentinidad.
ISBN: 978-987-4191-70-0 Estreno: agosto de 2020.
Book-trailer: Edición: Daniela Y. Sciessere.
Música: Athena, de JVNA. Biblioteca libre de YouTube.
Videos: pixabay.com, banco de imágenes y videos.
Fotografías de Buenos Aires y Villa General Belgrano: Créditos a quien corresponda.
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"Erick": experiencia colectiva.
Andrea V. Luna
16:09:00
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Hace un par de años hicimos una hermosa experiencia en Facebook: un relato colectivo.
Lo más impresionante es que, pese a haber sido construido ente muchas personas (todas diferentes y de varios países), tiene una calidad y una belleza que van de lo emocionante a lo mágico. Creo firmemente que cuando las personas interactuamos pensando en construir de manera desinteresada, unidas por lo belleza de la palabras que construyen mundos, somos capaces de hacerArte y Literatura en su estado más puro.
Les dejo acá esta maravilla de relato: espero que lo disfruten.
Un fuerte abrazo,
Andrea
“Erick”
(Relato colectivo. Experiencia Facebook).
16 DE NOVIEMBRE DE 2018
Érase una vez un hermoso ocaso frente al mar. Leila no podía dejar de contemplar aquel lienzo de colores que la envolvía cual bóveda de luz y oscuridad mezcladas. Sus ojos abiertos de par en par, el olor a sal bañando su cara, su mente colmada de reminiscencias de aquel tiempo...
No podía olvidar aquella mirada... La luna le recordaba aquellos ojos, y en la brisa le parecía oír su voz.
Todo estaba tranquilo a su alrededor, aunque no imaginaba que a su espalda alguien la contemplaba.
De repente...
El corazón le dio un vuelco... No es que hubiera visto algo, ni que lo hubiera oído en realidad. Pero la presencia era demasiado fuerte. Era él, intuía que su amor había ido a buscarla. Lo presentía, su piel se emocionaba y su corazón latía de amor...
Pero, ¿cómo podría ser él? No. No podía... Un año atrás, la muerte se lo había arrebatado. Con él se habían ido su juventud y sus ganas de amar. ¿Sería un sueño? ¿Un deseo? ¿O a ella también le había tocado la hora de caer en los brazos de la muerte? Ojalá fuese aquella última opción que su pensamiento le indicaba. Pero no, era la que más dolería: verlo y no poder tocarlo. Ya lo había sentido otras veces, pero no de forma tan tangible como ahora. Incluso podía oír su respiración confundida con la brisa, sentir el calor de su aliento en el cogote. Los poros de su piel se alzaron; hubiera querido levantarse, pero sus piernas eran pura gelatina... Se atrevió a pronunciar su nombre...
—Erick…
¿O sí? ¿O sí podría tocarlo quebrando el velo de la muerte?
Repitió temerosa pero ansiosa:
—¡Erick! ¿Erick? —preguntaba ahora, esperando contestación—. ¿Eres tú?
—No, no soy ese tal Erick, soy quien vino a quitarte la vida por todo el daño que me hiciste... Te daré la ventaja: me gustaría verte correr.
Y entonces, corrió, y corrió pensando si aquello era tecnología alienígena o una mala digestión. Se rio en medio del desastre. Se tomó el vientre: los nervios punzaban como mil demonios. ¿Qué haría? No podía huir. Y tomó la decisión que cambiaría su vida para siempre: por primera vez, pidió perdón.
Aquello no podía ser verdad. No podía estar muriendo. Los dolores iban en aumento y entonces recordó lo que había comido: vainillas con puré de manzana, exquisito, pero si se exageraba... Volvió a reír. Quiso tomar un medicamento, lo buscó en su bolso, pero en su lugar encontró una botellita con una calavera y dos tibias. Y, como si fuera poco, ¡estaban tibias! En otro momento le hubiera causado gracia, pero no ese día no, ni a esa hora ni en ese lugar. ¿Alucinaba? Porque el terror estaba paralizándola, hasta ya no poder expresarse. Sus dedos estaban tiesos, su estómago, al punto de los nervios, también. Entonces lo observó como nunca antes. No era Erick. Su mirada sería otra. Otra muy diferente a esta tan sombría que la carcomía desde cerca... Ya no recordaba los ojos de luna de aquel amor: solo podía vislumbrar una mirada oscura, tan oscura como la boca de un lobo hambriento, que podía comerla con solo mirarla. Pudo ver las ojeras, la palidez... Era él, pero no era... Solo tenía el rostro de Erik, pero por dentro... ¿Quién era ese?
Sintió de pronto que alguien quería escribir una historia con aquello que le sucedía: dos nombres llegaron a sus labios «Damián y Andrea», como si alguien hubiera roto la pared de una cuarta dimensión. ¿Eran ellos quienes la acosaban con la imagen de Erick?
Sacudió su mente, de pronto, para salir del torbellino y siguió pensando en su estómago doliente frente al mar.
—¡Eso es! —se dijo—. He bebido agua de mar, estoy alucinan...
Y, extendiendo las manos hacia la figura del hombre que la acechaba... ¡Lo tocó! Estaba allí, real, tangible... horroroso. De un salto se arrojó al mar: las olas la cubrirían ... pero, ¿estaría a salvo?
—Te dije que corrieras, no que me tocaras.
Esa voz... Esa voz tan, tan...
—¿Creías que seguía siendo susceptible al agua? —rio el espectro.
Los dos eran escritores. Los dos se mecían entre sueños de páginas perdidas en el tiempo, no obstante, ninguno soñaba. Ese que suele mentir, decía, que les había robado los sueños. Los sueños de páginas blancas, pero llenas de letras que sólo ellos entendían. En su desconcierto, suspiró de manera profunda y, de repente, reaccionó. Erick era La Sombra.
—El agua me afecta solo cuando me baño, te lo recuerdo, solo cuando me baño. —Rio a carcajadas.
Y su tono sarcástico y la risa fatídica le helaron la sangre por enésima vez. Pero la helada sanguínea vino como un milagro inesperado en su ayuda: todo se tornó hielo, sus cabellos, el agua a su alrededor...
Sus piernas paralizadas estaban ante la presencia de aquel éter fantasma, helando cada partícula de su ser, cuya voz bramaba como aquellas olas del mar que había cobrado la vida. Y pensó: «¿Y si elijo mi propia historia? ¿Y si, según para quién, esto es comedia, terror o aventura?». Era suspicacia de una vida acortada sin cumplir su propósito. No había término que se definiera en ese rostro de antaño, torturado por el abismo de la muerte. ¿Era tangible, era visible? Era cierto: lo estaba viviendo... Era un naufragio de dos almas...
De pronto sus ojos quedaron pasmados mirando la pared. Buscó por todos lados como quien busca lo perdido... Dejo a un lado el teléfono celular y gritó: «¡Paaapeeeel!». Quería dejar plasmado toda su vida antes que esta lo dejara. «No puedo irme sin dejar mis vivencias, toda mi historia… No quiero que me olviden, papel, ¡papeeeel!».
(Versión en crudo)
Paola Vallejos
Era se una vez un hermoso ocaso frente al mar
Gema Lutgarda
Leila no podía dejar de contemplar aquel lienzo de colores que la envolvía cual boveda de luz y oscuridad mezclada. Sus ojos abiertos de par en par, el olor a salina bañando su cara, su mente colmada de reminiscencias de aquel tiempo...
Anto Mor
No podia olvidar , aquella mirada.... La luna le recordaba aquellos ojos, y en la brisa le parecia oir su voz
Kasandra Finol
todo estaba tranquilo alrededor de ella, aunque no imaginaba que a su espalda alguien la contemplaba.
Florencia Vaccani
De repente....
Andrea V. Luna
El corazón le dió un vuelco... No es que hubiera visto algo, ni que lo hubiera oído en realidad. Pero la presencia era demasiado fuerte.
Adelina Gimeno Navarro
Era él, intuía que su amor había ido a buscarla. Lo presentía, su piel se emocionaba y su corazón latía de amor...
Anto Mor
Pero ¿Como podria ser el ? . No. No podia... Un año atras, la muerte se lo habia arrebatado . Con el se fueron , su juventud y sus ganas de amar
Paola Vallejos
Seria un sueño? Un deseo? O a ella tambien le habia tocado la hora de caer en los brazos de la muerte?
Adelina Gimeno Navarro
Ojalá fuese aquella última opción que su pensamiento le indicaba. Pero no, era la que más dolería, verlo y no poder tocarlo.
Gema Lutgarda
Ya lo había sentido otras veces, pero no de forma tan tangible como ahora. Incluso podía oir su respiración confundida con la brisa, sentir el calor de su aliento en el cogote. Los poros de su piel se alzaron; hubiera querido levantarse, pero sus piernas eran pura gelatina... Se atrevió a pronunciar su nombre...
Andrea V. Luna
¿O sí? ¿O sí podría tocarlo quebrando el velo de la muerte?
Anto Mor
Pronunció temerosa pero anciosa : ¡Erick!
Adelina Gimeno Navarro
¿Erick? Preguntaba ahora, esperando contestación.
¿Eres tú?
Kasandra Finol
No, no soy ese tal Erick, soy quien vino a quitarte la vida por todo el daño que me hiciste... Te daré la ventaja, me gustaría verte correr.
Alvaro Panzitta
Y corrió y corrió pensando si aquello era tecnología alienigena o una mala digestión
Andrea V. Luna
Se tomó el l vientre: los nervios punzabab como mil demonios. ¿Qué haría? No podía huir. Y tomó la decisión que cambiaría su vida para siempre.
Alvaro Panzitta
Por primera vez, pidió perdón...
Adelina Gimeno Navarro
Aquello no podía ser verdad. No podía estar muriendo. Los dolores iban en aumento y entonces recordó lo que había comido...
Alvaro Panzitta
Vainillas con puré de manzana, exquisito, pero si se exageraba...
Silvina Dabini
Quiso tomar un medicamento, lo buscó en su botiquín, pero en su lugar encontró una botellita con una calavera y dos tibias.
Alvaro Panzitta
Y como si fuera poco ¡estaban tibias! en otro momento le hubiera causado gracia, pero no ese día no a esa hora ni en ese lugar
Damián Martino
Porque el terror la paralizaba, ya no podía expresarse. Sus dedos estaban tiesos, su estómago, al punto de los nervios, también. Entonces lo observó como nunca antes. No era Erick. Su mirada sería otra. Otra muy diferente a ésta tan sombría que la carcomía desde cerca...
Anto Mor
Ya no recordaba los ojos de luna de aquel amor.... Solo podia vislumbrar una mirada oscura...tan oscura como la boca de un lobo ambriento, que podia comerla con solo mirarla...
Andrea V. Luna
Pudo ver las ojeras, la palidez... Era él, pero no era... Solo tenía el rostro de Erik, pero por dentro... ¿Quién era ese?
Alvaro Panzitta
Sintió de pronto que alguien quería escribir una historia con aquello que le sucedía, dos nombres llegaron a sus labios "Damián y Andrea", como si alguien hubiera roto la pared de una cuarta dimensión. ¿Eran ellos quienes la acosaban con la imagen de ERICK?
Sacudió su mente de pronto para salir del torbellino y siguió pensando en su estómago doliente frente al mar
"Eso es" se dijo "he bebido agua de mar, estoy alucinan..."
"Eso es" se dijo "he bebido agua de mar, estoy alucinan..."
Andrea V. Luna
Y, extendiendo las manos hacia la figura del hombre que la acechaba... ¡Lo tocó!
Estaba allí, real, tangible... horroroso.
Florencia Vaccani
De un salto se arrojo al mar... las olas la cubririan ...y estaria a salvo?
Alvaro Panzitta
"Te dije que corrieras no que me tocaras"
Anto Mor
Esa voz.... Esa voz tan , tan....
Alvaro Panzitta
"¿Creías que seguía siendo susceptible al agua?" rió el espectro.
Damián Martino
Los dos eran escritores. Los dos se mecían entre sueños de páginas perdidas en el tiempo, no obstante, ninguno soñaba. Ése que suele mentir, decía, que les había robado los sueños. Los sueños de páginas blancas, pero llenas de letras que sólo ellos entendían. En su desconcierto, suspiró de manera profunda y, de repente, reaccionó. Erick era La Sombra.
Alvaro Panzitta
"El agua me afecta solo cuando me baño, te lo recuerdo, solo cuando me baño" rió a carcajadas
Andrea V. Luna
Y su tono sarcástico y la risa fatídica le heló la sangre por enésima vez.
Alvaro Panzitta
Pero la helada sanguínea vino como un milagro inesperado en su ayuda, todo se tornó hielo, sus cabellos, el agua a su alrededor...
Francy Rios Brito
Paralizada estaban sus piernas ante la presencia de aquel éter fantasma, helando cada partícula de su ser, cuya voz bramaba como aquellas olas del mar que habia cobrado la vida
Alvaro Panzitta
Y pensó "¿y si elijo mi propia aventura?" "¿y si según para quien esto es comedia, terror o aventura?"
Francy Rios Brito
Era suspicacia de una vida acortada sin cumplir su propósito. No habia termino que se definiera en ese rostro de antaño, torturado por el abismo de la muerte. ¿Era tangible, era visible? era cierto, lo estaba viviendo...
Era un naufragio de dos almas...
Jose Luis O
De pronto sus ojos quedaron pasmado mirando la pared buscó por todos lado como quien busca lo perdido... dejo a un costado ... el celu y grito paaapeeeel....
Graciela Pablo
Quería dejar plasmado toda su vida antes que está lo dejará, no puedo irme sin dejar mis vivencias, toda mi historia, no quiero que me olviden, papel, papeeeel.
Entrevista para "Paisaje Literario"
Andrea V. Luna
16:41:00
0
La verdad, hacía mucho tiempo que en una entrevista no lograban hacerme hablar de mi vida personal... La gente maravillosa de "Paisaje Literario" lo ha logrado de manera muy astuta. Ja. Y consiguieron hacerme sentir muy cómoda. Lograron que hable ¡de toooodooo!, incluyendo tanto mis nuevos proyectos como los proyectos y arte de mis amigos y colegas artistas plásticos, escritores, y artesanos que son muy increíbles y que forman parte de quien soy hoy... de mis tiempos de Universidad, de mis inicios, de mi familia y de mi pasión por viajar.
Dejo por acá el enlace al audio para que puedan disfrutarlo tanto como yo.
¡Abrazotes!
Andrea
El curador en la Biblioteca
Andrea V. Luna
16:19:00
0
Relato en la voz de la autora.
Publicado en: Andrea V. Luna y Gema Lutgarda. ALGUNAS GOTAS DE SANGRE Y UN PAR DE TACONES. Buenos Aires, Hesíodo, 2016. Todos los derechos reservados. Compartir solo citando la fuente. www.instagram.com/andreavluna www.facebook.com/andreavlunaescritora www.tweeter.com/andreavluna_
Texto completo:
El
curador en la Biblioteca
Publicado en: Andrea V. Luna y Gema Lutgarda. ALGUNAS GOTAS DE SANGRE Y UN PAR DE TACONES. Buenos Aires, Hesíodo, 2016. Todos los derechos reservados. Compartir solo citando la fuente. www.instagram.com/andreavluna www.facebook.com/andreavlunaescritora www.tweeter.com/andreavluna_
Texto completo:
El
curador en la Biblioteca
Andrea V. Luna
Era raro. Necesariamente, a los ojos de la mayoría, era raro. No podía
ser de otra manera con semejante trabajo. No es que fuera algo fúnebre ni que
hiciera fluir el morbo de los demás, sino que, simplemente, era tedioso. Ser
curador de libros parecía, así, sin más, la profesión más aburrida del mundo.
Metido todo el santo día entre las estanterías abarrotadas de olor a papel
húmedo, moho y polvo, andaba siempre con paso lento dando a cada movimiento una
impronta de solemne altivez. No es que paseara, no, sino que escrutaba con ojos
entrenados cada uno de los tesoros escondidos en los pasillos revisando cuánto
daño les había causado la polución o los dedos torpes de los incontables
lectores que, a lo largo de la historia de la Biblioteca, los habían terminado
por desgastar; detectaba el nivel de gravedad y, si lo consideraba necesario,
se lo llevaba al taller para iniciar la larga y meticulosa curación.
Algunos dirían que era un ratón de biblioteca, tal vez, al fin y al
cabo, lo fuera. El licenciado Tarsicio Rorts era un Curador, pero no EL
Curador… ese puesto, lo ocupaba desde hacía muchos años una arpía desdeñosa que
había tenido el “tupé” de ganarle el puesto. Le tenía algo más que bronca. Lo
suyo, era algo muy parecido a un odio profundo, nacido de las entrañas y que su
propia mente no lograba dominar del todo. Sabía que era una estupidez garrafal,
pero no podía evitarlo. La contienda había sido justa, ella había presentado
más y mejores credenciales que él y eso le había bastado para ocupar el puesto
que él anhelaba con todo su corazón, con todo su ser. Pero eso ya no importaba:
ya no había nada que hacer al respecto. Ahora solo deseaba que nadie le entorpeciera
el sereno transcurrir de sus días: de alguna manera, no se molestaban.
Solamente él se permitía, de vez en cuando, envidiar el contacto con los más
preciados libros que guardaban en el Thesaurus al que ella tenía el
privilegio de acceder con absoluta libertad: consentirse con los incunables lo
era todo para él. Se deleitaba imaginándose con el olor a pergamino impregnando
su ropa o entrecerrando los ojos para apreciar mejor la delicadeza de alguna
licencia caligráfica o palpar las texturas añosas con morboso placer.
Un día ocurrió lo impensado: ella faltó al trabajo. Y al siguiente, y
otro día más… tal vez estuviera enferma: no es que eso le importara, claro… o
sí. Esbozó una sonrisa maliciosa y se encogió de hombros mientras comprobaba la
suavidad de las cerdas del delicado pincel que utilizaría para comenzar a
retirar el moho que había invadido un ejemplar de 1895, rescatado de las
telarañas de una biblioteca escolar que había sido demasiado descuidada. Se
colocó el barbijo y los guantes. Con suma precisión y habitual diligencia
trabajó en el viejo libro como si estuviera adorando alguna deidad mítica
olvidada por el trajín del presente. Estaba absorto en su labor, demasiado: las
horas pasaron sin que se hubiera percatado de ello, hasta que una terrible idea
hizo que se pusiera de pie con violencia inusitada… ¿Quién estaba cuidándolos
libros que ella había abandonado?
—¡No! No, no, no, no…
Se quitó las gafas y los guantes, ordenó todo y salió de su estrecha
oficina rumbo a la del director en la planta baja. No se dio tiempo de esperar
el ascensor, sino que subió casi corriendo los dos pisos por la escalera. Se
detuvo jadeando frente a la puerta y solo golpeó cuando sintió que estaba listo
para efectuar su planteo.
—Tarsicio —dijo el otro—. Me alegra que vinieras: me ahorraste una
visita al subsuelo… ya sabes, por mis alergias.
Sí, sabía: él también tenía alergias, sin embargo…
—¿Ocurre algo? —Preguntó con su mejor entonación diplomática.
—Sí. Habrás notado que la Srta. Santoro ha inasistido a su puesto de
trabajo en los últimos diez días. Bien, lo ha hecho sin presentar ningún tipo
de licencia; de hecho, ni siquiera ha avisado por teléfono. Así que,
lamentablemente, me he visto en la obligación de… ejem… de desplazarla.
Tarsicio Rorts no podía creer lo que estaba escuchando. El corazón le
dio un vuelco. “Me da algo”, pensó.
—Como te imaginarás —prosiguió el Director—, la persona lógica para
ocupar su puesto eres tú. ¿Qué dices? ¿Lo quieres?
—Por supuesto —afirmó lacónicamente, conteniendo un grito de felicidad
que lo habría hecho quedar muy mal. ¿Cómo no iba a quererlo? Si siempre debió
ser suyo… Sintió algo más que un golpe de suerte. Temblaba, pero siguió
controlando la emoción todo lo que pudo mientras permaneció en la oficina
revisando el nuevo contrato, repasando sus actuales obligaciones, oyendo
instrucciones… obteniendo las llaves del Tesoro… Thesaurus, Thesaurus. ¿Qué le costaba?
Solo cuando puso un pie en el pasillo y cerró la puerta tras sí se
permitió volver a respirar con normalidad. Serenándose a duras penas para no
salir saltando y gritando, caminó los pocos pasos que lo llevarían hasta su
nuevo despacho, justo al lado del que ahora sería SU lugar. Colocó la llave en
la cerradura y… nada, no hizo nada: simplemente no entró, sino que fue
directamente a cumplir su sueño dorado. Tecleó la contraseña de acceso que
acababa de aprenderse de memoria, y entró.
La emoción le confundió los sentidos. Por un instante, creyó que el
aroma del papel antiquísimo subía arremolinado en tintes ocres hasta el
ventiluz más alto, jugueteando en su camino entre los anaqueles y vidrieras
termoselladas. Creyó ver que la tinta se liberaba de los pliegos, y las letras
subían y bajaban en una danza mágica y sempiterna. Caminó buscando no
interrumpir la hipnótica visión en la que se veía inmerso. Por un instante,
creyó que pestañear sería una acción hereje, inmerso como estaba en aquella
atmósfera sublime, y no deseaba de ninguna manera, perder el Edén tan deseado.
Un sonido lo sacó de su ensimismamiento. No era el lógico tictac de
algún reloj, ni nada esperable en una sala tan selecta como aquella. Sin
desearlo demasiado, cerró los ojos para prestar mayor atención: nadie podría
evitar sucumbir a la curiosidad en un lugar como ese. Pronto, fue capaz de descubrir
el lugar de origen y percibir que, extrañamente, el sonido parecía más un
murmullo que salmodiaba alguna rara y antiquísima alabanza. Se palmeó ambas
mejillas buscando despertar de la somnolencia en la que se había sumido.
Recorrió con cierta timidez los pasillos, maravillado por la imponencia de cada
ejemplar que se exhibía con el desparpajo y la altivez de saberse único e
irrepetible. Un aroma que no debió estar allí le causó un picor incómodo en la
nariz. ¿Qué sería? Frunció el entrecejo: ¿Qué hacía allí una cartera de dama?
Siguió andando hasta que sus pies y sus ojos muy abiertos no le permitieron
seguir avanzando.
—¡Un grimorio! —Exclamó sin poderse contener. No sabía si asustarse por
ello y comenzar a rezar o rendirse a sus pies y venerarlo. Por segunda vez, el
murmullo pobló la atmósfera que lo rodeaba trayendo consigo aquel aroma
penetrante y extraño. El rigor magnético que lo anclaba le dio tregua y
consiguió seguir avanzando. Los pies se movían sin él, sin que su mente les
indicara a dónde ir. En la constante dubitativa de sus pasos, algo ocurrió: dio
un resbalón que le hizo perder el equilibrio. No cayó de milagro, pero
semejante movimiento le hizo cambiar la perspectiva de lo que tenía alrededor:
por primera vez, había visto el piso.
—¡Ah! —Ahogó un grito en la garganta. Debajo de sus pies y salpicando
sus zapatos de cuero negro, un reguero de sangre enrojecía los añosos
baldozones marmolados. Jadeando y con el corazón desbocado, decidió seguir el
rastro. Un paso, dos, tres… o infinitos; no supo cuántos. El murmullo crecía
con cada centímetro que lograba avanzar. El espeluznante camino se detuvo
frente a una mesilla en la que descansaba, fuera de su necesario lugar de
guarda y conservación, un libro abierto en sus últimas hojas, cuyas páginas
estaban completamente en blanco. Violando cuanto protocolo se le vino a la
mente, lo levantó apenas por el lado izquierdo y se agachó para observar mejor
la portada. ”Bestiarius”, leyó.
Las yemas de sus dedos desnudos recorrieron los folios, acariciándolos con
embelesamiento sublime y devota pasión. Las sensaciones de su cuerpo se
encaminaban a convertirse en excitación orgiástica, en el mismo deleite con el
que acariciaba a su amante. Observaba los nombres y las ilustraciones hechas a
pluma y tinta con pasmoso realismo, deteniéndose en los detalles y en la
magnificencia del arte de su autor. No había un orden, pero sí un sustento. La
penúltima página le causó horror. “Arpía Desdeñosa”, decía el título en una
caligrafía exquisita, antigua y sobrecargada de ornamentos; y, donde debía
estar la ilustración del monstruo, el dibujo mostraba con desesperante
precisión, la figura casi fotográfica de la Srta. Santoro. Un terror pánico se
apoderó de su cuerpo haciéndolo temblar de manera descontrolada cuando, sin
desearlo él, su mano volteó la hoja para encontrarse con una página casi en
blanco que únicamente decía: “Ratón de Biblioteca”. Sin más, sus dedos ya no
pudieron desprenderse del papel y comenzaron a fusionarse con el ejemplar
maldito, deshaciendo a Tarsicio Rorts célula por célula y transformándolo, para
toda la eternidad, en un objeto de estudio más para el próximo curador.
Adelanto
Andrea V. Luna
14:56:00
0

A veces es mejor ir despacio, mostrar un fragmento, abrir bien los ojos y que el alma nos llene de curiosidad de esa que no es mala, que nos inquieta y nos mantiene alertas...
¿Lo que viene?
En breve...
Fragmento: "Eldir hijo de Liam"
Andrea V. Luna
23:42:00
0
"La nieve arreciaba y el contraste con el color azabache de Dökkgaldur provocaba en la vista de todos, una sensación inexplicable de admiración y pavor. La visión del aliento que exhalaba el enorme corcel por sus fauces, el resplandor blancuzco del ropaje y la armadura de su jinete, la velocidad del galope, el viento níveo, la luminiscencia de los ojos de Eldir y el conocimiento de los prodigios realizados y de los venideros, les daba un aspecto fantasmal, como de espectro salido de ultratumba para vengar años de horror o provocar otros muchos. Frente a ellos, el río se presentaba prácticamente infranqueable porque la nevada de las últimas horas había tapado todavía más los pasos que se habían preparado con dedicación y en secreto durante tanto tiempo".
"Eldir hijo de Liam", Andrea V. Luna © ®
Entrevista en Contarte Cultura
Andrea V. Luna
15:03:00
0
Mágica e inteligente ha resultado la colección de preguntas que la hermosa gente de
Contarte Cultura me hizo como parte de una entrevista para su publicación digital. Necesito destacarlo, porque a veces no se perciben gentilezas sino un "lo hago porque no me queda otra". La pasión por lo que se hace marca profundamente la diferencia. Así que, les deseo lo mejor en cada emprendimiento que los ayude que crecer.
Lee la nota completa AQUÍ.
Descargo
Andrea V. Luna
12:30:00
0
Mi nombre es
Andrea V. Luna y soy Profesora en Letras recibida en la Universidad Nacional de
La Plata. Estudié en los ’90. Cuando comencé la carrera teníamos que pagar
incluso los certificados de alumnos regular, la libreta y cada papel que íbamos
necesitando. Con los años, se consiguió que fueran gratis. Pagaba el boleto
completo desde Varela hasta la capital provincial. Hoy los estudiantes, salvo
alguna que otra excepción, no pagan. Como también ocurre ahora, viajaba hora y
media para llegar a cursar y otro tanto para volver… de mañana, de tarde, de
noche, con calor, con frío, sin estufas ni aires acondicionados… y no
importaba, porque el objetivo estaba más que claro: recibirme de la mejor
manera posible. Tuve profesores de excelencia en el 85% de la carrera y
excelentes personas en su gran mayoría… salvo excepciones que no vienen al
caso.
Hace 26 años
que soy docente de escuelas secundarias, públicas casi siempre. Conozco muy
bien en qué estado están sus edificios: no necesito que nadie me lo cuente. También
sé de la desidia de muchos colegas, de muchos directivos y de los padres…
tampoco necesito que me lo cuenten. Viví en el aula emergencias médicas que los
servicios de ambulancia no cubrieron, denuncias de intentos de violación,
embarazos de adolescentes, maltratos… También vi llanto y desesperanza en mis
alumnos. Nunca, pero nunca los dejé bajar los brazos. Y se repusieron en su
mayoría, y la pelearon y la siguen peleando. Son hombres y mujeres de bien,
capaces de ir por sus derechos sin avasallar ni insultar a nadie. Veo sus
progresos en las redes y me enorgullezco de ellos, me emocionan, me dan fuerzas
para seguir haciendo una y otra vez lo mismo: buscar un país mejor.
POR ESO
ESCRIBO HOY… Cansada de gente que dice que este es un país de mierda, desde la
comodidad de sus casas, de sus trabajos, de su fama prominente, de su éxito en
ciernes, sin salir a hacer nada por el otro, el que está al lado, el que
necesita una mano. No tenemos los gobernantes que nos merecemos, tenemos los
que nos impusieron a fuerza de vender lo mejor que fuimos teniendo: la
educación que nos hacía un país de élite. Tenemos los gobiernos que nos tocan,
porque cuando durante décadas se han destruido el conocimiento, los modales,
las buenas costumbres, la cultura del trabajo y del esfuerzo, los códigos
morales, cualquier mentira con forma de lo que queremos oír repercute en el
deseo de progreso sin esfuerzo, de gratuidad «per se», de «quiero lo tuyo,
dámelo» (¡Ojo! Que afuera también hay de esto). Mi mejor alumno en todo este
tiempo estudiaba en una escuela técnica; se acostaba todas las noches a la 1
a.m. y se levantaba a las 4 para acompañar a su papá hasta el Mercado Central,
comprar mercadería, acomodarla en el negocio familiar, se duchaba e iba a
cursar al taller y después al aula… Se dormía en clase, pero no se llevó la
materia. Me molesta, me saca de mis casillas y me pone los cabellos de punta
que digan que este es un país de mierda. No lo es. Es un país hermoso con gente
que vale su peso en oro, solidaria, alegre y de empuje… es un país que por
serlo lo desean los de afuera con tantas ganas, con tanta hijaputez que nos
venden que somos un país de mierda y siempre hay alguno que compra semejante
estupidez, y la disemina, y la contagia.
Cuando
cambiemos las caras de culo, la comodidad de criticar sin hacer, tendremos de
verdad los gobernantes que nos merecemos… que no son estos, ni los anteriores,
ni los otros, ni los que vendrán en las próximas elecciones.
Mientras tanto, prefiero seguir siendo utópica, positiva y
tesonera para que otros se contagien de eso y no de la idea de mierda de que
este es un país de mierda.
#AndreaVLuna





