lunes, 5 de marzo de 2012

"El nacimiento de un cuento" (Cuento, obvio)

Había una vez un cuento corto que tenía ganas de escribirse solo sobre este papel que ahora tengo entre las manos, con tinta azul y letra desprolijamente redondeada; pero como creí que no se entendería, lo convencí de nacer en la computadora, arrullado por un tecleo más o menos acompasado. Y el cuento me dejó hacer de él… prácticamente lo que él quería:
Primero tuvo ganas de contar una historia de ciencia-ficción con extraterrestres en guerra y hasta robots y todo. Entonces yo le dije que era bastante común ir por ese rumbo. Y ante la palabra “rumbo” se le ocurrió crecer como uno de piratas tuertos, malos y cojos que navegan, precisamente, por rumbos desconocidos. Por supuesto le aclaré que como los piratas no cayeran en el Triángulo de las Bermudas y se convirtieran en astrónomos eruditos, el tema estaba ya bastante trillado… y eso le sonó a thriller. Así que quiso ser un cuento como los de Edgard Allan Poe pero más moderno, aunque sin olvidarse del suspense y de algunos personajes oscuros y emociones violentas. Lógicamente, lo violento no me convencía… y a él tampoco.
Esa tarde discutimos mucho: acaloradamente, inconcienzudamente, alocadamente, mente, mente. Hasta que, estrepitosamente, se le dio por nacer sin mi permiso, golpeando, plaf-plaf, cada tecla como para hacerme enojar… pero no pudo porque, finalmente, me resigné a dejarlo hacer. Cuando terminó (y no me consta que haya estado muy conforme consigo mismo), oprimió print y se imprimió sin darme tiempo a decirle que afuera estaba lloviendo.
Salió sin saludar, enojado por tan terrible cacogenesia, y sí, se mojó: con cada metro que avanzaba alejándose de mí se iba destiñendo, decolorando, arrugando y manchando así, como lo ven ahora, después de haberlo rescatado.
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