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Secreto develado

Reseña de la nueva novela:
El Reloj de Péndulo se Detuvo a Medianoche
"El reloj del destino" © 

Cuando una búsqueda termina, nada vuelve a ser lo que era: la percepción del mundo cambia al punto de que si no crecemos, nos enloquece. Ya no somos capaces de regresar a la pasividad anterior y nos empeñamos en nunca más quedarnos quietos. 
“El Reloj de Péndulo..." es una novela en la que los personajes deben decidir qué harán con los secretos que el universo les ha revelado y aceptar su propia evolución y sacrificio para, finalmente, decidirse a ver el cosmos con ojos nuevos. 

Cuando un viejo compañero de estudios muere, Julián Sinclair hereda un antiguo reloj de péndulo por lo que decide trasladarse de la ciudad en la que enseña historia desde hace años, Bariloche, a la mágica ciudad de La Plata donde se ha formado; junto con su compañero de aventuras Pedro Nampëlkan, descubrirá que la realidad ha sido alterada y que la única forma de recomponerla es que Pedro realice el sacrificio que prometió tiempo atrás en la salamanca patagónica[1] aunque ello implique una muerte: la de Ángeles, la mujer a quien ama sin siquiera saber de su existencia. 

La magia, finalmente, lo ha invadido todo... ¿serán capaces de aceptarla? La confluencia de sus estirpes, celta y mapuche, será determinante en la visión del universo que, finalmente, decidan tener. 





[1] En la primera aventura de la saga: De Joyas y Guerreros.


Del nuevo proyecto...

Nunca me gustaron los felinos y los aborrezco con todas mis fuerzas desde que mi papá y yo fuimos atacados por un puma.
Por alguna razón, los pequeños detalles se me olvidaron. Supongo que los médicos dirían que fue “estrés postraumático” o algo así. Lo cierto es que tardé varios meses en recordar los hechos de una manera más o menos organizada y hoy puedo enumerarlos tan solo como una lista y no mucho más que eso.
La vida en la estepa patagónica nunca ha sido fácil: demasiado frío en invierno, demasiada sequía en verano. El suelo es estéril y la vegetación, escasa y casi no sirve para nada: la leña solamente se puede encontrar en algunas que otras raíces y para alimentarse… bien, se siente hambre cuando cabras y ovejas a duras penas sobreviven la seca. Mi padre es lonko[1] y mi familia ha estado asentada a la orilla de un arroyo de temporada durante algunos cienos de años, lo que nos permite una vida algo mejor… pero esa vez, mis hermanos estaban famélicos. Entre el viento, el polvo y la falta de agua no es fácil salir de caza… y encontrar qué cazar, tampoco: seguramente alguna que otra mulita; con ayuda del destino algún ñandú; con más, alguna mara. Aquel día no hubo suerte, ni nada. Él y yo estábamos solos en algo así como un viaje iniciático… yo era muy niño todavía, era la primera vez que tenía un arma en mis manos y estaba muy ansioso por tener algo para contar: a mis hermanos más chicos, a mi madre y a mis amigos cuando comenzaran las clases de nuevo y me fuera a vivir a la ciudad. La noche llegaba con toda su arrogancia sin que yo hubiera podido hacerme con una presa y, ante mis ojos y los de otro, sin haberme convertido en un real heredero de mi estirpe guerrera. No quería regresar con las manos vacías y así se lo hice notar a mi guía, y él me entendió… a la luz de una luna casi llena y envuelto en la única manta que llevábamos, me dormí.
Me despertó un grito como de guerra, un rugido espantoso y la descarga de un arma… pero no sé si fue en ese orden. No recuerdo mucho más: el animal mordía a mi padre en una mano, recibí un zarpazo, disparé… y comimos puma los siguientes días. Sé que lloré mucho, sé que me dolía mucho, sé que aún tengo las garras marcadas en mi hombro y sé que me hice hombre… y uno importante: a los ojos de mi padre, yo era un héroe “en frasco chico”.


[1] Cacique mapuche.

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