No es tiempo



Por tu hermosa piel de nácar
Veo lágrimas cayendo…
Son de nieve, son eternas,
Provienen del mismo Infierno,
Créeme cuando te digo:
¡No llores que ya no es tiempo!

No lo es, por favor comprende:
Trueca en brisa tu lamento,
Mira con ansia el futuro,
Ten valor, ve con el viento
Para vencer este mundo,
¡No llores que ya no es tiempo!

Aunque quiera la amargura
Retenerte en el encierro
De la cárcel de infortunios
Que los hados te impusieron.
Aunque las luces se apaguen,
¡No llores que ya no es tiempo!

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Imagen de: http://elresplandordelguerrero.blogspot.com.ar/2011/01/no-te-rindas_31.html

Del Nuevo Proyecto...


      Ella sabía perfectamente lo que pasaba por la mente del hombre que había jurado protegerla. Lo abrazó acariciando sus cabellos húmedos de sudor. Lo abrazó tomándolo con fuerza para que él supiera, así, en silencio, que todo estaba bien y que así seguiría. Lo abrazó… simplemente, lo abrazó. Aislados como estaban del mundo civilizado [...],

Profecías que no creo


Mis ojos fueron cerrados, 
Sin mi corazón quererlo, 
Por un soplo de amargura 
Que ha traído el viento eterno 
De los labios de un profeta 
Que callaba en el desierto. 
Las magias y eternidades 
Lloran aquí sin consuelo, 
En mi corazón herido 
Por la ausencia que no quiero: 
Necesito tu mirada 
Junto a estos mis labios tiernos 
Que se abrirán solitarios 
Imaginando tu beso. 
Ninguna lágrima cae 
Por este rostro de ensueño 
Intangible a las palabras, 
Profecías que no creo. 
Acaso el alba me traiga 
Tu voz cálida de nuevo 
O después la vieja noche 
Me diga que estás volviendo. 
No me importan los pesares 
Ni las contras de este enero, 
Mi esperanza no se muere 
Pues tu espíritu guerrero 
Luchará contra dragones, 
Fuegos, brujos y hasta el tiempo 
Por encontrar la manera 
De estar conmigo de nuevo.


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Profecía

 Kuruf, el Viento, ha bajado
Por la pedregosa falda
Del Amun-kar soberano
Llevando cantos de nácar.

Trae noticias amargas
Que quitarán el aliento:
Del cóndor sintió las alas,
De las nubes el lamento.

Cantar

Tus risas llenan el bosque
Más allá de la espesura,
Imitando con tus labios
De la rosa la dulzura;
Besando estás las fragancias
Mientras cantas con ternura
Hermosos versos que el viento
Esparcirá con premura.

Los ojos claros


¿Cómo podría la luna
Vivir sin tus ojos claros?
Dormir no quisiera nunca,
Ni aun estando a tu lado,
Por no poder contemplar
Tus pupilas mirando.
¡Ay! Llora, oscura, la noche
En la que el cielo estrellado
Perderá su magia eterna
Al mostrarte enamorado.

Sobre la puntuación en los diálogos (ensayo) ©


Alguien, alguna vez, me preguntó cómo se debían presentar los diálogos en un cuento: era un alumno que escribía muy bien y tenía ganas, justamente, de presentar un trabajo suyo en un certamen literario local. Recuerdo que en aquel momento le indiqué dos estilos, los dos tradicionales: directo e indirecto; pero la verdad es que hay por lo menos tres maneras más y cada una de ellas responde a necesidades expresivas y estilísticas bien diferenciadas.
En primer lugar, podemos incluir el diálogo en el cuerpo del relato sin puntuación que lo diferencie de lo que no lo es. Este modo, a simple vista, no parece nada correcto y esto suele ser cierto, salvo que el efecto sea el de buscar la introspección en lo que se denomina monólogo interior (un estilo bastante complejo por su fraccionamiento, alteraciones de humor, disparidad de criterios, inclusiones de textos externos, desorganización y demás, que son propios del discurrir del razonamiento) acentuando la confusión de ideas del personaje, ya que lo que se busca es revelar sus pensamientos  a un nivel pre-discursivo (esto es, antes de que sean verbalizados) de modo tal que no parezcan estar controlados por el autor y mostrando al lector su intimidad más cruda. Este estilo floreció en el resurgimiento de la novela del siglo XX y fue cultivado con maestría por Joyce en su Ulises.  

Secreto develado

Reseña de la nueva novela:
El Reloj de Péndulo se Detuvo a Medianoche
"El reloj del destino" © 

Cuando una búsqueda termina, nada vuelve a ser lo que era: la percepción del mundo cambia al punto de que si no crecemos, nos enloquece. Ya no somos capaces de regresar a la pasividad anterior y nos empeñamos en nunca más quedarnos quietos. 
“El Reloj de Péndulo..." es una novela en la que los personajes deben decidir qué harán con los secretos que el universo les ha revelado y aceptar su propia evolución y sacrificio para, finalmente, decidirse a ver el cosmos con ojos nuevos. 

Cuando un viejo compañero de estudios muere, Julián Sinclair hereda un antiguo reloj de péndulo por lo que decide trasladarse de la ciudad en la que enseña historia desde hace años, Bariloche, a la mágica ciudad de La Plata donde se ha formado; junto con su compañero de aventuras Pedro Nampëlkan, descubrirá que la realidad ha sido alterada y que la única forma de recomponerla es que Pedro realice el sacrificio que prometió tiempo atrás en la salamanca patagónica[1] aunque ello implique una muerte: la de Ángeles, la mujer a quien ama sin siquiera saber de su existencia. 

La magia, finalmente, lo ha invadido todo... ¿serán capaces de aceptarla? La confluencia de sus estirpes, celta y mapuche, será determinante en la visión del universo que, finalmente, decidan tener. 





[1] En la primera aventura de la saga: De Joyas y Guerreros.


Presentación de la Novela I

Disertación:

El Fantástico en la Literatura contemporánea.

Andrea V. Luna   Foto: Marcelo Orlich
Para ver las repercuciones: Publicación en el diario varelense Varela Al Día.
Comenzar diciendo que De Joyas y Guerreros es una novela Fantástica es comenzar a meterme en un problema. Mucho se ha discutido sobre la pertinencia del Género Fantástico puro, como tal, especialmente en novelas; tanto que Tzventan Todorov en su Introducción a la Literatura Fantástica nos dice que en ellas el “efecto de lo fantástico se produce solamente durante una parte de la lectura” y que, por lo tanto, “Lo fantástico tiene una vida llena de peligros, y puede desvanecerse en cualquier momento”, y que, por esto mismo, permanece en un equilibrio tan delicado que, en cuanto se pierde, hace caer el relato en alguno de sus géneros próximos: el Maravilloso (en el que lo sobrenatural es aceptado sin el menor atisbo de duda) y el Extraño (en el que el prodigio debe ser explicado en un intento, generalmente fallido, de racionalizarlo, de reducirlo a hechos conocidos y aceptados).

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